martes, 30 de julio de 2013
Renunciamiento.
Pasaras por mi vida sin saber que pasaste.
Pasaras en silencio por mi amor, y al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamás lo sabrás.
Soñare con el nácar virginal de tu frente;
soñare con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñare con tus labios desesperadamente;
soñare con tus besos ... y jamás lo sabrás.
Quizás pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amare más que nunca ... y jamás lo sabrás.
Yo te amare en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.
Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-- el tormento infinito que te debo ocultar --
te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima ... ¡y jamás lo sabrás!
Hoy, ayer, todos los días tengo mi crisis diaria con respecto a medicina.
Me rindo o no?
Vale la pena?
Es mi vocación?
En parte sé que sigo en medicina por todo lo que mi padres han hecho por mi. El alquiler, los libros, las fotocopias.
Tantas cosas les debo.
No puedo dejar. No puedo considerarlo, tengo que poder.
Maldita duda que me atormenta.
Necesito seguridad. Necesito fé en algo.
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