Cuando me cruzo con Peeta, que se dirige a su entrevista, él rehúye mis ojos. Tomo asiento
con cuidado, pero aparte de los hilos de humo aquí y allá, parezco ilesa, así que le dedico toda
mi atención.
Caesar y Peeta han sido un equipo natural desde que aparecieron juntos por primera vez
hace un año. Su sencillo toma y daca, su comicidad, y la habilidad de conseguir momentos
desgarradores, como la confesión de Peeta de su amor por mí, los han convertido en un
inmenso éxito con la audiencia. Abren sin esfuerzo con unos pocos chistes sobre fuegos y
plumas y pollos demasiado cocinados. Pero todos pueden ver que Peeta está preocupado, así
que Caesar dirige la conversación directamente a lo que está en mente de todos.
― Así que, Peeta, ¿Cómo te sentiste cuando, después de todo por lo que has pasado,
averiguaste lo del Quell? ― Pregunta Caesar.
― Estaba en shock. Quiero decir, un minuto estaba viendo a Katniss tan hermosa en todos
esos vestidos de novia, y al siguiente . . . ― La voz de Peeta se apaga.
― ¿Te diste cuenta de que nunca iba a haber una boda? ― Pregunta Caesar amablemente.
Peeta hace una larga pausa, como si estuviera decidiendo algo. Mira a la audiencia
hechizada, después al suelo, después finalmente a Caesar.
― Caesar, ¿crees que nuestros amigos podrán guardar un secreto?
Una risa incómoda emana del público. ¿Qué quiere decir? ¿Ocultarle un secreto a quién?
Todo nuestro mundo está mirando.
― Estoy bastante seguro. ― Dice Caesar.
― Ya estamos casados. ― Dice Peeta en voz baja. La multitud reacciona con asombro, y yo
tengo que enterrar el rostro en las dobleces de mi falda para que no puedan ver mi confusión.
¿A dónde demonios quiere llegar con esto?
― Pero . . . ¿cómo puede ser eso? ― Pregunta Caesar.
― Oh, no es un matrimonio oficial. No fuimos al Edificio de Justicia ni nada. Pero tenemos
este ritual de matrimonio en el Distrito 12. No sé cómo es en los otros distritos. Pero hay esta
cosa que hacemos. ― Dice Peeta, y describe brevemente el tueste.
― ¿Estaban allí vuestras familias?
― No, no se lo dijimos a nadie. Ni siquiera a Haymitch. Y la madre de Katniss nunca lo
habría aprobado. Pero ya ves, sabíamos que si nos casábamos en el Capitolio, no habría un
tueste. Y ninguno de los dos quería esperar más. Así que un día, simplemente lo hicimos. ―
Dice Peeta. ― Y para nosotros, estamos más casados que lo que habría podido hacernos
ningún papel ni ninguna fiesta.
― ¿Así que esto fue antes del Quell?
― Por supuesto que fue antes del Quell. Estoy seguro de que nunca lo habríamos hecho
después de saberlo. ― Dice Peeta, empezando a entristecerse. ― Pero, ¿quién lo iba a ver
venir? Nadie. Pasamos por los Juegos, éramos vencedores, todo el mundo parecía tan
contento de vernos juntos, y después, de repente . . . Quiero decir, ¿cómo podíamos anticipar
algo así?
― No podíais, Peeta. ― Caesar le rodea los hombros con el brazo. ― Como dices, nadie
habría podido. Pero tengo que confesarlo, me alegro de que hayáis tenido por lo menos unos
pocos meses de felicidad juntos.
Inmenso aplauso. Como si estuviera animada, alzo la vista de mis plumas y dejo que el
público vea mi sonrisa trágica de agradecimiento. El humo residual de las plumas ha hecho que
mis ojos estén llorosos, lo que añade un toque muy bonito.
― Yo no me alegro. ― Dice Peeta. ― Desearía que hubiéramos esperado hasta que todo el
asunto se hubiera hecho de forma oficial.
Esto hace retroceder incluso a Caesar.
― ¿Seguro que poco tiempo es mejor que nada?
― Tal vez yo también pensaría eso, Caesar ― Dice Peeta amargamente ―, si no fuera por el
bebé.
Ahí. Lo ha vuelto a hacer. Ha soltado una bomba que borra los esfuerzos de cada tributo
que ha venido antes que él. Bueno, tal vez no. Tal vez este año sólo ha encendido la mecha de
una bomba que los propios vencedores han estado construyendo. Con la esperanza de que
alguien pudiera detonarla. Tal vez pensando que sería el verme en mi vestido nupcial. Sin
saber lo mucho que yo confío en los talentos de Cinna, mientras que Peeta no necesita más
que su sagacidad.
Mientras la bomba explota, envía acusaciones de injusticia y barbarismo y crueldad en
todas direcciones. Incluso la persona más amante del Capitolio, más hambrienta de Juegos,
más sedienta de sangre, no puede ignorar, por lo menos durante un instante, qué horrible es
todo esto.
Estoy embarazada.
El público no puede asimilar la noticia inmediatamente. La noticia tiene que golpearlos y
asentarse y ser confirmada por otras voces antes de que empiecen a sonar como una horda de
animales heridos, gimiendo, chillando, pidiendo ayuda. ¿Y yo? Sé que mi cara está siendo
proyectada en un primerísimo plano en la pantalla, pero no hago ningún esfuerzo por
ocultarla. Porque por un momento, incluso yo estoy procesando lo que ha dicho Peeta. ¿No es
eso lo que más temía sobre la boda, sobre el futuro―la pérdida de mis hijos a los Juegos? Y
ahora podría ser verdad, ¿o no? ¿Si no me hubiera pasado toda mi vida construyendo capas y
capas de defensas hasta que me encojo ante la simple sugerencia del matrimonio o de una
familia?
Caesar ya no puede reinar sobre la multitud, ni siquiera cuando suena el zumbido. Peeta
hace un gesto de cabeza como adiós y vuelve a su asiento sin más conversación. Puedo ver los
labios de Caesar moviéndose, pero el lugar es un completo caos y no puedo oír ni una sola
palabra. Sólo el atronador himno, sonando tan alto que puedo sentirlo vibrando en mis
huesos, nos hace saber cuál es nuestro lugar en el programa. Me levanto automáticamente y,
mientras lo hago, siento a Peeta alzando su mano hacia mí. Lágrimas corren por su rostro
cuando tomo su mano. ¿Qué reales son esas lágrimas? ¿Es esta una señal de que ha sido
perseguido por los mismos miedos que yo? ¿Que cada vencedor? ¿Que cada padre en cada
distrito de Panem?
Vuelvo a mirar a la muchedumbre, pero las caras de la madre y el padre de Rue nadan ante
mis ojos. Su dolor. Su pérdida. Me vuelvo espontáneamente hacia Chaff y le ofrezco mi mano.
Siento mis dedos cerrándose alrededor del muñón que ahora completa su brazo, y me agarro
con rapidez.
Y entonces sucede. Por toda la fila, los vencedores empiezan a unir las manos. Algunos al
instante, como los morphlings, o Wiress y Beetee. Otros inseguros pero atrapados por las
exigencias de aquellos a su alrededor, como Brutus y Enobaria. Para cuando suenan las últimas
notas del himno, los veinticuatro estamos de pie en una fila irrompible en lo que debe de ser la
primera muestra de unidad entre los distritos desde los Días Oscuros. Puedes ver cómo se dan
cuenta de esto cuando las pantallas empiezan a apagarse. Sin embargo, es demasiado tarde.
En medio de la confusión, no nos cortaron a tiempo. Todos lo han visto.
Yo quería tanto que pasaran esto literalmente. Creo que fue una de las mejores partes de En Llamas. Hubiera sido muy guay que lo hubiesen puesto así. Estas son las dos partes que más amé de este libro.
― Nadie me necesita de verdad a mí. ― Dice, y no hay autocompasión en su voz. Es cierto
que su familia no lo necesita. Llorarán su muerte, igual que hará un puñado de amigos. Pero
seguirán adelante. Incluso Haymitch, con la ayuda de un montón de licor blanco, seguirá
adelante. Me doy cuenta de que sólo hay una persona que vaya a quedar dañada más allá de
todo arreglo si Peeta muere. Yo.
― Yo sí. ― Digo. ― Yo te necesito. ― Parece disgustado, toma aire como si para empezar
una larga argumentación, y eso no es bueno, nada bueno, porque empezará a hablar sobre
Prim y mi madre y todo y me quedaré confusa. Así que antes de que pueda hablar, detengo
sus labios con un beso.
Siento esa cosa de nuevo. La cosa que sólo sentí una vez antes. En la cueva el año pasado,
cuando estaba intentando que Haymitch nos enviara comida. Besé a Peeta unas mil veces
durante esos Juegos y después. Pero sólo hubo una vez que me hizo sentir que algo vibraba en
mi interior. Sólo una que me hizo querer más. Pero la herida de mi cabeza empezó a sangrar y
me obligó a acostarme.
Esta vez, no hay nada más que nosotros mismos para interrumpirnos. Y después de unos
pocos intentos, Peeta se rinde en su intención de hablar. La sensación dentro de mí se hace
más cálida y se extiende por mi pecho, por todo mi cuerpo, a lo largo de mis brazos y piernas,
hasta las puntas de mi ser. En vez de satisfacerme, los besos tienen el efecto opuesto, de
hacerme necesitar más. Creía que era algo así como una experta en el hambre, pero esta es de
una clase completamente nueva.
Y esto, que no tienen nada que ver con En Llamas pero quería ponerlo acá.
Theon subió el primero por las escaleras. «He subido por estos escalones mil veces
antes». De pequeño los habría subido corriendo; bajando, los habría saltado de tres en
tres. En cierta ocasión saltó justo encima de la vieja Tata y la tiró al suelo. Eso le hizo
ganarse la peor azotaina que tuvo en Invernalia, aunque fue casi afectuosa comparada
con las palizas que su hermano solía propinarle en Pyke. Él y Robb habían luchado
muchas épicas batallas en estos peldaños, lanzándose estocadas el uno al otro con
espadas de madera. Buen entrenamiento, aquel; le hizo darse cuenta lo difícil que era
abrirse camino luchando escaleras arriba contra una oposición decidida. A Ser Rodrik le
gustaba decir que un hombre bueno podía contener a cien, luchando escaleras abajo.
Aunque eso fue hace mucho. Ahora todos estaban muertos. Jory, el viejo Ser Rodrik,
Lord Eddard, Harwin y Hullen, Cayn y Desmond y Tom el Gordo, Alyn con sus sueños
de caballería, Mikken que le había dado su primera espada de verdad. Incluso la vieja
Tata, probablemente.
Y Robb. Robb que había sido más hermano para Theon que cualquier hijo nacido de los
bajos de Balon Greyjoy. «Asesinado en la Boda Roja, masacrado por los Freys. Debería
haber estado con él. ¿Dónde estaba? Debería haber muerto con él».
Poner ese título en la entrada es como poner un botón con el cartel "NO PRESIONAR". La primer parte ya la leí, siento una culpa terrible porque estoy terminando de leer En llamas y debería estar leyendo didáctica. La segunda parte no la leí, asi que cuando empecé a ver lo que decía dejé de leerlo. Nada, AMO A PEETA. Sobre todo con lo del casamiento, cuando Haymitch le dice que a Peeta le hubiese gustado que sea REAL, morí de amorrrrrr.
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